Saly Camacho

EDITORIAL
03 de enero de 2007

Hasta donde quieras llegar

  En el año 1953 Sir Edmund Hillary alcanzó la gloria al ser el primero en pisar la cima del Everest. Tenzing Norgay fue el sherpa que le dirigió más allá de las nubes y que, junto con él, pisó el techo del planeta. Su valor, al igual que el del resto de sus compatriotas, reside en conocer bien la alta montaña y su lenguaje, que pasa por saber interpretar los vientos, las calmas, las tormentas, la calidad de las nieves eternas, etc.
En un entorno tan extremo y desconocido hay dos aspectos clave en el funcionamiento de cada miembro participante en la expedición: por un lado, una calma interior total y, por otro, la máxima precisión de cada pequeña acción. A esto hay que añadir su premisa que dice que el buen trabajo es aquel que se hace en beneficio de toda la expedición, ya que cuidar del equilibrio de todos los participantes garantiza el éxito del avance desde una posición de seguridad y confianza.
Los sherpas nos recuerdan en esencia a otro tipo de expertos que son capaces de avanzar por rincones aún por explorar con el paso firme que sólo dan el conocimiento y el respeto hacia los otros y hacia su entorno. Nos estamos refiriendo a los Executive Coach, tanto internos como externos a la organización.
Los Executive Coach, como generadores de espacios de transformación, son los responsables de dirigir el proceso de cambio de sus colaboradores o clientes con la misma eficacia con la que el sherpa conduce a la expedición al punto más alto:
· cuidando del equilibrio interno (personal) y externo (objetivos) del colaborador o cliente.
· conociendo bien el lenguaje ‘humano’.
· tomando las mejores decisiones para asegurar el óptimo avance en un medio que en ocasiones le es desconocido.

Conseguir realizar estos comportamientos requiere del Coach el desarrollo de tres dimensiones de su persona y de su perfil profesional:
· El silencio interior, práctica que permite al Coach realizar su función de activador de la respuesta por parte del cliente.
· La profesionalidad de su saber hacer, que incluye el dominio con maestría de herramientas y técnicas.
· La visión de su rol de ‘despertador-activador’ de movimientos de transformación que llevan a crecer a su protagonista hasta donde él mismo quiera llegar.

Hoy en día hay una demanda creciente de las habilidades del Executive Coach en las empresas; es una nueva función o profesión en la que es posible (y necesario) formarse para dar respuesta a los retos a los que directivos y dirigentes han de hacer frente en estos tiempos. Sólo hace falta un compromiso profundo en querer llegar, para después guiar a otros a donde quieran llegar… porque todo Sir Edmund conoce la diferencia que existe entre el campamento base y la gloria.
Saly Camacho
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