Responder afirmativamente a esta pregunta está mucho más a la orden del día de lo que nos podemos imaginar. No hay reunión de empresarios, emprendedoras, directivos (por no hablar de otros sectores fuera del mundo empresarial) que se precie donde no aparezcan varios profesionales que han consumado, o están en el camino de hacerlo, su tránsito hacia el mundo del Coaching. Así, DG, directivos de multinacionales, consultores y formadores son las profesiones que están nutriendo el mapa de Coaches en nuestro país, igual que antes sucedió en EEUU, El Reino Unido o Francia.
Son muchos los motivos que pueden impulsar a un profesional a dar un salto como este. El primero es lo atractivo de la Profesión. Se lleva esto de Ser Coach. Queda bien, te da prestigio social y profesional, especialmente porque aunque la gente no sabe exactamente qué es, lo asociamos con relaciones de alto nivel. Y es una alternativa de ‘salida’ de la empresa con glamour e imagen de progreso.
El segundo es que se trata de una profesión en la que se ayuda a otros a conseguir sus sueños. Y eso es fantástico: por fin podemos cumplir ese deseo infantil de ayudar siendo Coach en vez de policía, médico, bombero…
Y last but not least, la atractiva publicidad de lo que a nivel de honorarios puede reportar este trabajo… La propia revista Forbes (1) la señalaba hace unos meses como una de las 3 profesiones de más de 6 cifras al año. Y un millón (aunque sea de dólares) es mucho.
El resultado en la práctica de nuestro mercado profesional que, de nuevo, sigue a pies juntillas lo que el mercado francés vivió hace 4 años, es que hay 2 tipos claros de Coach: El que HACE Coaching y el que ES Coach. Para entendernos, el primer tipo es aquél que después de haber hecho un curso de 15 horas (con su acreditación y sello) y/o haber leído un par de libros al respecto, hacen el cambio profesional y se autodenominan Coach. El segundo tipo, el menos común eso sí, es más vocacional y antes de lanzarse en esta nueva profesión, inicia un proceso de preparación técnica y también personal ya que comprenden la magnitud que puede llegar a tener un ejercicio profesional como éste.
En Quantum For Change apostamos por el camino de SER EXECUTIVE COACH, ya que nos parece más sólido, profundo, creíble y altamente eficaz. En última instancia es el que nos sirve a nosotros. Por eso, y por la experiencia desde 1996, para SER un buen Executive Coach son necesarios unos 3 años de evolución personal y profesional. ¿Para qué? Para masticar, digerir y metabolizar en todas y cada una de nuestras células aquello que queremos transmitir al mundo a través de esta profesión.
Desarrollarse como Executive Coach requiere nutrirnos de dos mundos percibidos habitualmente como muy polares: el mundo de las empresas y las organizaciones de un lado, y el mundo de las tecnologías de aprendizaje y el cambio humano. Y ambas corrientes han de integrarse y cristalizarse en el rol del Executive Coach, con lo que éste se vuelve el Mensaje en cualquiera de sus gestos, palabras o actos de su vida: Crecer para hacer Crecer.
La decisión de qué tipo de Coach quiere ser es únicamente suya. Pero si se siente atraído por lo que hasta aquí ha leído, póngase en contacto con nosotros ya que a través de nuestra Escuela de Coaching podemos ofrecerle un itinerario personalizado y exclusivo para acompañarle en su desarrollo como Executive Coach.